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Director Ejecutivo del AMTC aboirda cómo funcionan los “sentidos” de un robot

La tercera sesión del curso de robótica e inteligencia artificial orientado a profesionales de la prensa ahondó en la analogía que compara al cuerpo humano con un autómata. Esta vez, la clase y la discusión se centraron en los sensores.

El Dr. Javier Ruiz del Solar, Director Ejecutivo del AMTC y profesor a cargo del curso, entregó una detallada descripción de los tipos y tecnologías de sensores disponibles para robots. Así, explicó que para percibir rangos y distancias, tales como los que usan los automóviles actuales al moverse en reversa, se utilizan sensores como el radar y los rayos láser, y para la percepción visual se emplean cámaras, desde las tradicionales -como las de los teléfonos celulares- hasta las hiperespectrales, que revelan imágenes que el ojo de un humano jamás podría percibir (infrarrojo, ultravioleta, rayos X, etc.).

“Ninguna de estas tecnologías o sensores es mejor que otro”, explicó el profesor Ruiz del Solar, “pues todas son útiles dependiendo de la aplicación que se quiera dar o de la información que nos interesa obtener”. En la instancia de discusión de la clase, surgió la interrogante acerca de las capacidades sensoriales de un robot. “La resolución, alcance o calidad de un sensor está fijada por la capacidad de procesamiento. Puedo tener un robot con siete cámaras de alta resolución, pero si su cerebro no puede manejar a tiempo todo ese volumen de información, poco sirve tener esos sensores”, aclaró el profesor Ruiz del Solar.

Manteniendo la analogía con el cuerpo humano, el profesor explicó que también nuestro cerebro está limitado: por la velocidad de las sinapsis, todo movimiento más rápido que un milisegundo escapa a nuestra percepción. “Si nos arrojan una pelota con la mano, podemos esquivarla porque alcanzamos a verla. Pero no una bala, porque se mueve más rápido que nuestro límite de un milisegundo”. Pese a esta limitación, el profesor destacó que aún el cerebro humano es un procesador altamente eficiente, desde el punto de vista de la energía. Al respecto señaló que “un robot tiene un alto consumo de energía que limita su autonomía, mientras que el cerebro humano, según algunas mediciones, funciona con solo 20 watts”.

La clase finalizó con un adelanto de la próxima sesión: el problema de la localización. ¿Cómo puede un autómata discernir dónde está y reconocer su entorno para saber además cómo llegar a su destino?



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