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Investigador del AMTC expuso sobre la relación entre biología e ingeniería

Ante una audiencia de estudiantes y emprendedores reunidos en el FabLab de la Universidad de Chile, el Dr. Bruno Grossi, especialista en biología evolutiva, presentó los principios básicos de la biomímesis, es decir, la búsqueda de inspiración en la naturaleza para la resolución de problemas en distintas disciplinas.

En el caso particular de la ingeniería, el Dr. Grossi (que imparte el curso de Introducción a la Biomecánica Animal en el Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Chile), puso como ejemplos históricos de biomímesis a los reflectores de luz que se utilizan en las carreteras, inspirados en los ojos de los gatos, que tienen las mismas propiedades, y los cardos que, al engancharse en la ropa y los tejidos, dieron origen al velcro. “La naturaleza ya ha resuelto muchos de los problemas para los que nosotros buscamos respuestas. Es cosa de buscar, observar y adaptar”, afirmó.

El Dr. Grossi profundizó en una definición de biomímesis como “un mutualismo entre biología e ingeniería”. Este mutualismo se manifiesta en dos vías: la observación de la naturaleza como fuente de solución para problemas de la ingeniería y el uso de recursos de la ingeniería para probar hipótesis o apoyar estudios de biología. Ejemplos de esto último son el diseño de un geco mecánico para estudiar la adherencia de sus patas y el propio “terópobot” del Dr. Grossi, un dinosaurio mecánico que utiliza para poner a prueba su hipótesis sobre eficiencia energética en la marcha de los terópodos, suborden de dinosaurios que caminaba en dos patas.

Finalmente, el Dr. Grossi reforzó su punto sobre la validez de utilizar la naturaleza para desarrollar proyectos ingenieriles con ejemplos de trabajos de sus alumnos de ingeniería mecánica: una moto con una cola movible como la del chita para tener más estabilidad en las curvas, aspas silenciosas para turbinas basadas en las alas de un búho y una carcasa para celulares que cae con la pantalla hacia arriba, inspirada en la forma en que cae un gato.

La investigación del Dr. Grossi con el “terópobot” es una extensión del trabajo por el que se hizo acreedor en 2015 de un premio IgNobel (inspirados en los premios Nobel), consistente en adherir una cola artificial de madera a una gallina, simulando una cola de dinosaurio, para que modificara su forma de caminar y así conocer una manera probable en que los terópodos se movían, ya que las aves son sus descendientes más directos.



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